lunes, 24 de enero de 2011

JAZZ

Con él llegó el escándalo. Al mudarnos a Móstoles como Blues viviría fuera de la casa, nos apresuramos a buscarle un compañero. Y aunque buscábamos un perro de raza grande este con su cara de sinvergüenza descarado nos cautivo con sus ojitos azules. Ojitos que cambiaban de color según la hora del día y la cantidad de luz del ambiente, azules, verdes, dorados. Por fin se le han quedado dorados de manera permanente y le dan cierto aire de perro psicópata. Es un mestizo de Pastor Vasco y Alemán, nos dijeron, y sus tremendas patazas apuntaban a un gran tamaño. Pues se ha quedado canijo, bueno tampoco es cierto pero más pequeño que Blues. Cuando les damos un trozo grandote de pan a cada uno, este granuja de orejas de rastafari aguarda a que Blues se lo coma y luego se pasea delante de ella como diciendo mira lo que tengo, tú no tienes nada. Y cuando le ordenas que se vaya o que se esté quieto obedece a pies juntillas pero poniendo una cara como diciendo ¿Qué me estas contando? Y en cuanto te das la vuelta se cuela donde quiere. Pero en realidad es encantador. Eso si un granuja encantador.



















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