lunes, 27 de diciembre de 2010

BLUES

Blues. Apenas con 30 días fue la primera en llegar a casa, por eso la más especial. Su madre es un Golden Retriever  dorado y su padre creemos que un labrador negro aunque eso será siempre una incógnita. La escogimos de entre 11 cachorros más y Baas no olvida los primeros arañazos en su pecho cuando la acurrucaba contra su corazón intentando consolarla por separarla de la camada.  La primera preocupación fueron los biberones, en una camada tan numerosa no pudieron aguardar al destete natural ya que la madre no abastecía la leche suficiente. La segunda preocupación fue que tras el fin de semana volvíamos al trabajo yo en horario nocturno y Baas aun no vivía en casa. Así que trasportín en mano, durante unos días disfrute de una tierna compañía en mi puesto y de sesión de biberón cada 4 horas. Tras la primera semana ya comía solido y se pudo quedar sola en casa, el primer mes no dio ni un solo problema. Al cumplir los 60 días decidió dedicarse a la lectura. Lo que hasta entonces era una balsa de aceite se convirtió en un festival de confeti cuando descubrió las revistas bajo la mesita del salón.
 En una ocasión al llegar a casa de madrugada no la encontré. Me volví loco buscándola por toda la casa, hasta que afinando el oído y guardando silencio escuche unos leves gemidos como de ultratumba que provenían de la pared que linda con el vecino. “¡¡¡¿?!!!” ¿Cómo demonios había acabado Blues en casa del vecino? Incrédulo afine el oído todo lo que pude pegándolo a la pared. Como el gemido provenía de en medio de la pared  y el aparador estorbaba decidí apartarlo. Imaginad a las 7 de la mañana y yo solito arrastrando el aparador del salón que pesa lo suyo. Apenas me cabían las manos por la rendija que quedaba entre la trasera y la pared para tirar de él hacia afuera, pero según lo hacia el gemido cada vez era más nítido.  Cuando hice el hueco suficiente para meter la cabeza y poner el oído en la pared aprecio en lo más profundo de hueco una mancha negra que se mueve ligeramente. ¡Era blues! ¡Se había metido por detrás del aparador a través de una rendija imposible! ¡Seguramente permaneció allí toda la noche! Me apresure a terminar de apartar el mueble, pero cuanto más lo apartaba, el pobre animal al sentirse liberado en vez de retroceder huía hacia adelante, quedando de nuevo encajado. Cuando comprendí que Blues no estaba dispuesta a dar un paso hacia atrás corrí a empujar desde el lado contrario del mueble hasta que apareció con la cabeza como un pez escalar de haber estado presionada durante horas.
El siguiente susto fue cuando decidí lavar las fundas del sofá. Aquel día Blues ya más crecidita descubrió lo divertido de hacer confeti, pero esta vez con la gomaespuma de los cojines. Podéis imaginaros la cara de incredulidad cuando al abrir la puerta me encontré con aquel espectáculo. Para contrarrestar el efecto adictivo que la creación de confeti generaba en Blues colocamos una sobre funda al sofá. Al cabo de unos meses, no sé cómo, encontramos la funda cortada como con un cuchillo. Tras la regañina a Blues, pensamos que había salido defectuosa. Si ya, hasta cuatro fundas en un mes. Lo curioso es que ella sabía que lo hecho estaba mal, ya que cuando abrías la puerta, si no salía a recibirte o lo hacía cabizbaja con el rabo entre la patas, ya sabias que alguna había organizado.
Más tarde la entro una desmesurada pasión por la decoración. Creo que provocada por que un día se comió el catalogo de Ikea. Y claro decidió redecorar su vida y mis muebles, sobre todo la mesita del salón que no le quedo una esquina sana. Al final compramos una mesa de cristal con estructura  metálica, no me la imaginaba operando con una radial.
En su polifacética vida toca también la albañilería. Cuando me iba a trabajar si Baas, que entonces ya vivía con nosotros,  tardaba más de 1 hora en volver a casa, que era el tiempo que Blues tenia calculado entre la salida de uno y la llegada del otro, atacaba una de las esquinas del salón.  Esto también ocurría si salías de casa a una hora no habitual y no te la llevabas. Eso sí, avisaba. Si la oía cuando me iba que ladraba desde la terraza ya sabía lo que me esperaba a la vuelta. Yo traducía mentalmente los ladridos ¡Eh capullos que me dejáis aquí! ¡Os vais a enterar! Si no ladraba podía estar tranquilo.
Cuando cambiamos de casa pensamos principalmente en ella. Nos fuimos a un adosado para que pudiera estar a sus anchas en la parte delantera de la casa. La pusimos una acogedora caseta de madera en un lugar soleado y a cubierto de las lluvias. Claro que Blues de corazón inquieto y bricomaniaco, esta vez optó por la jardinería. Tres tipos de vallado diferente he probado para proteger las jardineras del muro que separa la rampa del garaje de las escaleras.
Ahora echamos de menos que duerma con nosotros. Sí, se pasaba la vida durmiendo. Como yo trabajo de noche, pues se tumbaba por las mañanas conmigo en la cama. Y por las noches lo hacía con Baas. Y cuando coincidíamos los tres pues en medio como los críos. En una ocasión se tumbo a los pies, pero yo que mido casi lo mismo que la cama no me acorde de la perra y los estiré las piernas de golpe. Un tremendo estruendo me despertó y en seguida fui consciente de lo que había pasado y me levante gritando ¡La perra! ¡La he matao, la he matao! Por suerte solo fue un susto y luego nos reímos de la cara de Blues como diciendo ¿Qué ha sido eso? ¿Un terremoto?
Blues siempre nos ha acompañado en casi todo momento. Excepto a Granada y Cáceres que se quedo con mi hijo. La encanta viajar en coche y cuando compramos el Tata Grand Safari habilitamos un cajón para que fuera cómoda y no se comiera nada. Le gusta hasta el punto que abres el portón trasero y vuela para entrar, incluso en una ocasión  fue abrir el portón y saltar sin aguardar a que abriéramos el cajón.
Nos ha acompañado a numerosas rutas 4x4, y aunque le gusta el agua no le hace gracia la playa y se queda bajo la sombrilla. Es una más de la familia, las vacaciones (cuando podíamos ir) se escogía el lugar en función de si admiten o no perros, sean campings, hoteles, restaurantes o playas (que en este caso solo pueden ser naturales).





















































Ahora Blues sigue siendo de la familia aunque duerme fuera. Eso sí con la compañía de Jazz. Pero esto es otra historia de volver a empezar.